Hace unos meses escuché por la radio que en Japón se valora mucho a aquellos alumnos que son capaces de reflexionar cuando el profesor formula alguna pregunta o cuando sus compañeros emiten opiniones. Este comentario se hacía en contraposición a lo que ocurre en España, donde se valora a aquel alumno que responde rápido, y cuanto más rápido mejor.
Puedes enchufar la televisión o la radio para escuchar alguna tertúlia o debate. Si conoces de antemano a los participantes te resultará posible intuir que es lo que opina sobre el tema tratado. Lo más dramático, a mi modo de ver, es que también es fácil saber lo que opinará cuando acabe el debate: lo mismo que cuando entró. Además mientras dura el programa no paras de oir interrupciones, descalificaciones, desacuerdos airados... falta de respeto por el punto de vista del otro.
Parece que no sabemos escuchar, atender, comprender, respetar... aprender a/y de los demás.
¿Qué nos sucede? ¿Qué es lo que hace que nos resulte tan sencillo censurar al otro y tan difícil atender a todo lo bueno que tiene para decirnos? Y si hablamos de aceptar la crítica ajena, mejor no hablar.
Todos nos quejamos de los demás, de que son intransigentes, de que no escuchan, de que no muestran respeto por nosotros, por lo que decimos y por nuestras necesidades. Y tú, ¿que tal andas de tolerancia y de saber escuchar?
Te propongo pensar en que cambios es necesario hacer en uno mismo para saber escuchar. En el próximo artículo seguiré extendiendo este tema, aportando nuevos puntos de vista.
Escuchar, sólo esto.






