Hola,
Con gusto comparto con ustedes mi experiencia con los acúfenos. No solo logré crear acúfenos, sino que lo hice en ambos oídos y con la práctica se pueden hacer cosas muy interesantes con ellos.
Una tarde me encontraba en mi casa descansando. A lo lejos se escuchaba una música de una fiesta que tenían unos vecinos de la cuadra. Después de un rato de dormitar pense "¿Qué no podrán callarse con su música fea? Si la música fuera buena, otra cuestión sería". Y me quedé pensando en mis propias palabras... si la música fuera buena incluso podría estar pensando "Que buena música ponen los vecinos, me gustaría estar en su fiesta". Así que no se trata de la música, sino de la opinión y sentimiento que yo tengo sobre la música. ¿Qué es lo que hace que un sonido sea molesto?
Me hubiera gustado en ese momento ponerme tapones en los oídos, o escuchar algo mas fuerte, que no me permitiera escuchar el ruido de los vecinos (le digo "ruido", claro, porque no me gustaba la música). Y fue entonces que recordé este mensaje sobre los acúfenos.
Hay veces que estas en algún restaurante o café y recibes cantidad de ruido muy fuerte a través de tus oídos, y sin embargo estás tan concentrado que pareciera como si no existiera otra cosa que la conversación en la que estás. Si tenemos la capacidad de eliminar contenido del sonido que llega a nuestros oídos, y puedes inventar canciones, cantar en voz baja, o repetir tu mente alguna melodía, es exactamente un proceso similar al de los acúfenos. ¿Qué pasa si me quedo concentrado en algo diferente a la música del vecino?
Voila! (se pronuncia "vualá", que en francés significa "ahí" - como en "ahí tienes")
Acúfenos al instante. Empecé a escuchar un zumbidito constante, agudo en ambos oídos. Y me pareció tan interesante que empecé a jugar con el volumen. Mi razonamiento fue: si pude crear (o escuchar) los acúfenos siendo que antes no los escuchaba, seguramente los puedo quitar. Lo interesante es que después de varios días de ejercicio puedo hacer voluntariamente que aparezcan. Y desaparecen solos después de un rato (me olvido de ellos, como lo he hecho toda la vida). También con la práctica he logrado subir y bajar un poco su volumen de forma voluntaria y conciente, así como decidir si quiero que se escuchen mas del lado derecho o del izquierdo. Por supuesto, ¿porque no se podría? A fin de cuentas ese sonido esta en mí cabeza, y dentro de mi cabeza yo puedo hacer lo que yo quiera con mis pensamientos. La cuestión también es que no me molesta el zumbido porque es producto de algo que yo quise hacer, y no de "algo que es una molestia y que el doctor dijo que no se quita". Yo considero que no se quita porque se relaciona directamente con la forma natural en que trabaja nuestro cuerpo.
Aquí va mi versión acufénica del génesis...
Dios dijo:
- Háganse los ojos
y entonces los ojos pudieron ver, con tal precisión que hay quienes dicen que podemos identificar alrededor de 10 millones de colores diferentes (no se quién los contó ni como los midieron). Pero sólo pudieron ver después de nacer. Así que mientras aprendían a enfocar y utilizar sus ojos, los humanos eliminaban toda la información que estaba ahí en las imágenes y no les servía. Ahí estaban todos esos reflejos naturales que se dan en la superficie de los ojos debido a la forma natural que estos tienen y a la humedad que tienen debido a los lagrimales. Así que se requiere poner atención para darse cuenta de que nuestras imágenes tienen "manchas" naturales que nosotros eliminamos porque no nos sirven. A veces tenemos que estar en un lugar con muy poca o con mucha luz para darse cuenta de que están ahí, y sólo las notamos cuando no hay mas información que nos sirva en la imagen.
- Háganse las terminales nerviosas
y entonces la piel pudo percibir la temperatura del exterior. Y todo el cuerpo pudo sentir cuando algo estaba mal porque había dolor. Y los humanos aprendieron a no estar concientes todo el tiempo de las cosas que eran "normales" pues no había sentido en cosas como estar atento el 100% del tiempo a lo que sucede en la uña del meñique izquierdo, o poner atención a cosas que el cuerpo hacía automáticamente, como la presión arterial o el latido del corazón. Así que se requiere poner atención para darse cuenta de que podemos percibir nuestro propio latido del corazón (a veces lo podemos hacer fácilmente, como cuando estamos muy tranquilos o muy exaltados, ejemplo: hiciste ejercicio). Todo eso no quiere decir que mientras no estamos concientes el corazón no late, la presión no se regula, o el dedo meñique se desconecta del cerebro; es el cerebro el que sólo pone atención cuando el resto de la información que típicamente procesa, no está. El sistema nervioso tiene sus propias señales permanentes en nervios, músculos y órganos que envían y reciben información del cerebro - igual que los ojos tienen esos reflejos - y sólo lo notamos cuando ponemos atención a cómo se siente una parte de nuestro cuerpo.
- Hágase la nariz
y pudimos percibir desde perfume hasta caca. Y es evidente que no escatimó en eso, porque tenemos aproximadamente cinco millones de receptores en la nariz (bueno, los que se meten polvo blanco por la nariz tal vez tengan algunos miles menos que ya dejaron de dar servicio porque "se taparon con yeso"). Y esas son cinco millones de sustancias que podemos detectar, falta calcular las combinaciones entre ellas. Es tan sensible que los bebés pueden saber cuando su madre o su padre están cerca, tan sólo por el olor. Y podemos detectar la fragancia natural de una persona, por ejemplo al oler su almohada. De modo que para que no nos llene de señales nuestro propio aroma, que detectamos continuamente al igual que los ojos detectan los reflejos y el sistema nervioso tiene sus propias señales, lo eliminamos y sólo somos concientes de ello cuando ponemos atención.
- Hágase la boca
y entonces no hubo quien se callara (ups perdón, la cosa va por otro lado

y entonces los humanos pudieron percibir los sabores. La ciencia no es capaz de medir o detectar una receta en particular, pero la boca lo puede hacer perfectamente, pues la combinación de sensores de sabor que podemos detectar en la boca esta por lo menos en cifra de varios de millones. Alguna vez has notado como tu boca se percibe con un sabor diferente cuando algo no está bien (cuando tenemos fiebre es un ejemplo). Bien, pues esa es la precisión con la que saboreamos las cosas. Solo que no nos sirve de nada saborear nuestro "sabor normal" de la saliva. Así que no quiere decir que la lengua se desconecte del cerebro la mayoría del tiempo (aunque de algunas personas podríamos aseverarlo jejeje) sino que la información que llega al cerebro es eliminada de nuestra conciencia porque no nos da datos útiles en ese contexto. Simplemente nos acostumbramos y nos damos cuenta de ello cuando ponemos mucha atención - tal como pasa con la información de los reflejos en los ojos, el estado de nuestro meñique izquierdo, y nuestro propio olor.
- Háganse los oídos
y el sonido se escuchó, incluso mucho antes de que cada ser humano naciera. Los bebés fueron capaces de reconocer las voces de sus padres desde que estaban dentro de la madre. Y eso les permitió reconocerlos a distancia antes de verlos, una vez que nacieron - especialmente al papá, a quien en situación opuesta a la mamá, no conocía ni sabía cual era su olor. Junto con los oídos apareció una misteriosa y sofisticada construcción de cartílago en forma de pera invertida, que se llamó oreja. Lo confuso es que con todos esos dobleces y formas la oreja produjo muchos ecos. Así que junto con todo eso, les dio la capacidad de identificar el eco de un sonido que viene después de otro separados tan sólo unos milisegundos; y como los rebotes en la oreja son diferentes, dependiendo de si el sonido viene del frente, de arriba, de abajo, etc., fueron capaces de saber la dirección de la cual viene el sonido (ABSOLUTAMENTE MARAVILLOSO LO QUE HACEMOS CON EL ECO DE NUESTRAS OREJAS EN NUESTRO CEREBRO!!! Sonido tridimensional con solo dos orejas WOW!) Y le dio a los oídos tal sensibilidad, que son capaces de escuchar el propio latido del corazón cuando todo esta calmado, de escuchar su propia frecuencia natural de vibración, así como la información de los reflejos en los ojos, el estado de nuestro meñique izquierdo, nuestro propio olor, y el sabor de nuestra saliva.
Lo interesante es como reencuadramos las cosas según las presuposiciones que tengamos. Si lo dice un doctor y le agrega "... y no se cura", entonces le ponemos un significado malo porque para que haya una cura tiene que haber una enfermedad - la palabra lo presupone. Y no dejemos a un lado que los doctores son grandes hipnotistas, que inducen en la gente muchas cosas. Tampoco se trata de satanizar a la medicina y a los doctores, pero se dice que alrededor del 95% de nuestras enfermedades son somáticas, lo que quiere decir que las producimos en nuestra cabeza. Pero si alguien dijera "tener ese zumbido en los oídos es síntoma de que estas sano", entonces todos querríamos escucharlos.
Tengo la fortuna de vivir en un lugar donde hay grillos, así que el sonido en la noche es común. Y es un sonido que para mí es muy agradable - significa vida, vegetación - y hay gente que no puede dormir si hay grillos, se exaltan y no soportan el ruido; el mismo ruido, la misma situación, diferente significado para cada persona.
Y créanme... he preguntado a varias personas con las que normalmente convivo, y a TODOS los que les pregunté tienen zumbidos cuando hay silencio. No me extraña. Según mi teoría, querer quitarse los acúfenos sería como querer quedarse sordo, o "siento pulsaciones en los brazos cuando estoy quieto", así que hay que parar el corazón.
Espero que esta metáfora acufénica del génesis sirva para que entendamos que nuestra realidad, y nuestra opinión de esa realidad, son creadas por nosotros mismos en nuestra cabeza. De todos los sentidos el único que tiene proyección directa en el cerebro es el olfato - quiere decir que es el cerebro directamente el que huele - lo hacemos con la corteza cerebral. Los otros sentidos son interpretados, pues hay nervios que convierten las señales en electricidad, la llevan al cerebro, y ahí se interpreta. El significado que le ponemos depende de la forma en que encuadramos la información.